Benirredrà, 23 de marzo de 1989.
Casa de Espiritualidad de Benirredrà. Jueves
Santo, 23 de marzo de 1989.
Ejercicios
espirituales del Centro de Orientación Vocacional.
Mi primer
encuentro con quienes serían mis compañeros de seminario y de curso.
Hola
Jesucristo:
Desde
esta casa de espiritualidad te escribo hoy Jueves Santo del año 1989, después
de Ti.
Se que
en esta atroz agonía te hallas solo, tus mejores amigos no han podido resistir
aquellos gritos, lamentos y gemidos que de tus venerables labios manan, no, son
hombres y no soportan el dolor, compartir esta bebida amarga como la hiel.
Intentan evadirse, olvidar el problema durmiendo. Cuantas veces los hombres te
abandonamos en los momentos de angustia, Getsemaní, seguimos otro camino, nos
dormimos y te dejamos a Ti, con la sola compañía de la blanca y solitaria luna.
Y yo, cuando los problemas me acosan busco el trabajo, la lectura, el sueño,…
para olvidarlos. Y sin embargo no acepto sumiso el cáliz, ni me acerco a ti, en
el sagrario para pedirte ayuda, mi soberbia me impide verme insuficiente,
árido, para recibir la cruz, la aparto.
Sin
embargo en esta noche santa, te muestras como un hombre, atormentado por el
dolor que te persigue, triste, pálido y llorando, más Tú me enseñas a acercarme
a Dios en las noches oscuras, antes de sufrir el tormento. Es en el Padre donde
está el consuelo, en él se encuentra la paz y las fuerzas para seguir, para
abrirnos al dolor, enfrentados a él con la espada del valor y el escudo de la
fe. Tú, Señor, hallaste gran consuelo, sabías que el Padre te escuchaba, no le
insultaste, ni le recriminaste, sino aceptaste tu voluntad a pesar de ser tan
terrible, aceptando beber el cáliz. El Padre no te abandonó, te envió un ángel
para que e consolase, no para apartarte de la cruz, sino para darte valor.
Jesús.
Gracias, gracias por enseñarme a orar, a colocar el mañana, el sufrimiento en
manos de Dios, a andar delante de mí, a recorrer antes que yo el camino, la
pasión que cada cristiano personaliza en el quehacer cotidiano, por demostrarme
que aún siendo duro el camino, se supera, se llega a la Resurrección, fin de
todo tormento y principio de todo gozo.
Gracias
Jesucristo.
José A.
Boix.
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