San Miguel de Lliria. 9 de abril de 1990.




 Real Monasterio de San Miguel (Liria). Lunes Santo 9-abril-1990. A.D.
Hola Jesús:
Espero que allá en el cielo os hayáis divertido, deduzco que esta noche la habéis pasado bailando y cantando. ¿Cuántas tracas habéis quemado? Pues el humo llega hasta las cimas de los montes. ¡Cuidado con ello que nos cubrís el sol y con tanto confeti nos aguáis el día!
Jesús. Me has hablado del Buen Samaritano y ahora voy a intentar explicarte como la entiendo, así meditándola e intentando con tu ayuda hacerla vida.
Un hombre iba por la carretera con su coche y fue atropellado. El conductor viéndose libre para abusar de él le robó cuanto tenía. Sí, ¿quién este hombre? Puede ser un industrial rico, un obrero, un sacerdote, un ateo, un anticlerical, un ladrón, un borracho, un drogadicto, un padre de familia necesitado, pero lo más grave, soy yo mismo que paseaba en bicicleta por el pueblo o yo pecador. No importa quien sea, es un hijo de Dios necesitado, en una situación angustiosa. Pasan los coches y siente pena. Vemos en los telediarios y escuchamos a un enfermo, necesitado de un órgano, sentimos dolor, pero nada hacemos para ayudarle, “al que viene detrás ya lo recogerá, además, puede ser una trampa”, “si ese antes se consideraba el rey”, “yo no puedo hacer nada”, “dejemos que lo recoja la policía”, “puede tener una enfermedad contagiosa”, “no tengo tiempo”, “no porque después la Justicia creerá que he sido yo”, “si lo recojo me ensuciará el coche de sangre”, “que asco”. ¡Cuántas excusas! Y Tú siempre piensas al contrario del mundo, con otros esquemas me dices “no, tienes que recogerlo, que ser solidario con él, olvidarte de los problemas, saltar al vacío con él, no te mires el ombligo si no el suyo”. Sí, vivir según el evangelio significa desatarse de los prejuicios del mundo, imitando al buen samaritano, a ese hombre del que nadie hubiese dado un duro por él, uno del montón, el forastero. Rompe tus principios y ayuda a aquel desconocido, es el hombre que se autoniega por el otro. Yo he de imitarle como él, cuando vea a un pobre ayudarle, si voy por la carretera y encuentro un accidente ayudar, olvidar las consecuencias. Jesús ser buen samaritano es amar al otro.
Así eres tú, el hombre misericordioso, el buen samaritano. ¡Cuántas veces he bebido de tu misericordia! Si estoy aquí ha sido por ser tú misericordioso, pues me amas tanto que ante mis pecados me recoges del camino y sanas mis heridas, me perdonas ayudándome a volver a ser, no como antes, sino mejor que antes.
Jesús quiero recordarte las veces que he sido infiel y me has perdonado. ¡Ay Jesús! Ayúdame, pues son tantas las veces que he experimentado tu misericordia que solo puedo decir gracias y ayúdame para que yo sea misericordioso, que perdone, olvide, ayude.
La Iglesia, junto a María, Madre misericordiosa, tus hijas predilectas han sido tan misericordiosas. Hoy la Iglesia atiende hospitales, ancianos, moribundos, drogadictos, perseguidos políticos, delincuentes, pobres,...,quienes encuentran una mano que les ayude en la Iglesia, la madre Teresa, las Hijas de la Caridad, las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, los mercedarios, salesianos, franciscanos, franciscanas, combonianos, misioneros, sacerdotes, jesuitas, Cáritas, Proyecto Hombre,   cristianos comprometidos tienden la mano al prójimo imitándote.
Jesús me permites que te de gracias, pues me amas tanto que has muerto por mí. Yo tras la muerte viviría en el mundo de las sombras. Aquí viviría creyendo en un Dios justiciero y castigador, una naturaleza negativa, pero gracias a tu muerte vivo en ti y viviré en la eterna luz. Has muerto para salvarme, has dado tu sangre para rescatarme. La cruz es una nueva aurora de la humanidad. Ahora te contemplo en la cruz. Tus brazos forman una V como signo de victoria. Desde allí nos miras, tu mirada es de amor. Estás sufriendo por mí para unirme a Dios, para redimirme. Una mujer te mira desde abajo, María Dolorosa. Ella la madre que sufre por mí. Ella desearía estar en tu lugar para liberarte del tormento, pues acepta la voluntad de Dios. Dios que grande eres, despojado del poder de tu divinidad subes al madero a sufrir por amor.
Jesús hasta aquí llega la voluntad de Dios. El Padre envía a su hijo para que lo maten. La cruz es el precio del pecado de Adán, de la autosuficiencia. Ahí estás tú, aparentemente has perdido la batalla y sin embargo la has ganado. Es la inauguración de una larga guerra, el principio del fin de Satanás. Tú me amas, tú mueres por mí, por José Andrés, para que José Andrés viva eternamente viendo el rostro de Dios. Y yo que he de hacer sino cumplir tu voluntad, desprenderme de todo lo que ata al mundo apra correr hacia ti, evitar lo superfluo, aceptar las cosas tal como se presentan, amarte y amar a todos tus hijos.




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